Una trilogía para invitarnos a viajar

El Tango es una cultura viva que va mucho más allá del éxito que reúne en todo el mundo a través de la fiebre por su danza y las propuestas de teatro musical que lo conciernen, multiplicándose sin cesar.
El excedente de esta vivacidad se debe a un fermento efervescente que en el áambito musical está produciendo una forma muy refinada de tango imbuido de un espíritu contemporáneo.
El trabajo que ha distinguido a Alejandro Fasanini durante muchos años, encaja en este grupo de músicos que, basándose en la tradición y la extraordinaria parábola de Piazzolla, están implementando proyectos que, mirando hacia adelante, superan este patrimonio secularizado, presentando propuestas de originalidad fascinante.
En particular, Fasanini ha reunido en una trilogía amplia y emocionante, resultado de un compromiso de varios años que lo coloca a la cabeza de este movimiento heterogéneo post-piazzolliano.
En su música, construida con la sabiduría de aquellos que han estudiado en profundidad el arte de la composición, más allá del círculo que rodea al tango como género popular, algunos elementos cultivados en la esencia del centenario de la cultura Rioplatense siguen siendo reconocibles en su transfiguración.


Entre estos destaca con particular generosidad una inspiración melódica que parecía haberse perdido, frecuentemente reemplazada por un enfoque cerebral en el acto creativo de componer.
Fasanini hace que el elemento vital de su música llegue al corazón de los oyentes con un caleidoscopio de soluciones que ayudan a emerger esta música a través de una orquestación magistral.
La gran calidad del resultado también incluye el hecho de que, bajo su dirección musical, encontramos a un grupo de músicos especiales por su sensibilidad y técnica instrumental, dos virtudes indispensables que, en este caso, funcionan como vasos comunicantes.
Así, toda la complejidad de la escritura aguda de Fasanini nos llega como un acto de naturalidad desnuda, dándonos la bienvenida a su mundo fantastico e invitándonos a un viaje vertiginoso del espíritu.
¿Y no es este el éxito supremo de la música?

Franco Finocchiaro, Academia Nacional del Tango de Buenos Aires

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Publicado en Review.

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